BICA DE OURENSE (receta tradicional)

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El partido comunista había sido legalizado aquel 9 de abril de 1977. Era sábado Santo cuando se produjo el hito histórico-político más importante de la incipiente democracia española.

Manuel  iba leyendo la noticia  en el periódico Faro de Vigo, que su padre le había mandado comprar en el kiosko de Ovidia, como todos los días.

Al tiempo que aquel adolescente trataba de asimilar qué podía ocurrir en España tras la trascendente noticia, se cruzaba con las vecinas que transportaban en largas tablas sostenidas en equilibrio sobre sus cabezas, las roscas que acababan de  cocerse en el horno del barrio. El  dulce olor de la masa horneada y del anís, dejaban un rastro incoloro pero no inodoro por la calle principal.

Al tiempo, en el bar de la Viuda, varios clientes se atrevían a comentar la  noticia del día aunque sin dar grandes voces. Incluso Dorito el peluquero, que no solía pisar otra baldosa que no fuera la de su negocio, se había animado a intervenir en  aquella charleta. Eran el “antecesor”  de las broncas políticas que vendrían poco después, una vez que los más “rojos” se dieron cuenta que se podía hablar sin  tener que mirar a sus espaldas.

Unos de aquellos que tuvieron que tener la boca bien cerrada durante la dictadura eran los dueños de la Panadería. Habían venido de Ourense como mucha de la gente de aldea  que en los años 50 y 60 emigraron a Vigo por necesidad, pero que nunca desconectaron del todo de sus orígenes.

Y entre las recetas que se trajeron había una que destacaba : la de la Bica ourensana, un bizcocho hecho con manteca de vaca y masa ácida que resultaba delicioso y que desaparecía del mostrador en cuanto salía del horno.

-!Lo que daría por probarla otra vez…! -pensó Manuel cuarenta años después, recordando aquellos días que ahora resultaban tan lejanos.

 

Bica de Ourense (receta tradicional)

 

Ingredientes :

5 huevos

300 gr. de  azúcar

185 gr. de manteca cocida (no es mantequilla)

185 gr. de masa ácida *

185 gr. de harina tamizada

Una cuharadita de levadura en polvo tipo Royal

Una cucharadita de canela .

 

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* Nota. La masa ácida puede ser  de Rosca o Croissant y se deja  24 o  36  horas tapada con un paño, fuera de la nevera.

 

Modo de hacerla :

Calentar el horno a 150 grados. Horno flojo.

Se bate la mitad del azúcar con la manteca en pomada *  durante unos diez minutos, hasta que se se forme una pasta uniforme y clara.

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* La manteca en pomada se consigue poniendo el bol en una cubeta con agua caliente hasta que queda como si fuera una pomada, pero sin llegara a derretirse (más bien blanquecina)

Después se reserva y se baten los huevos enteros con la mitad del azúcar durante otros diez minutos  hasta que estén compactos y espumosos.

montaje 2

Se mezclan las dos partes batiendo  de forma suave y de abajo a arriba.

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Después se añade la masa ácida en trocitos pequeños y se bate  a velocidad 4-5 para deshacerlos por completo.

montaje 3

Finalmente se le incorpora poco a poco la harina tamizada, la levadura y la canela  con movimientos envolventes.

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Se deposita en un molde de unos 27  cm y se cuece en horno a 150 grados durante unos 45-50 minutos.

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Una vez pasado el tiempo se pincha y si la aguja  no sale manchada, se deja con el horno apagado diez minutos. Después se enfría fuera sobre una rejilla y tapada con un paño.

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BIZCOCHO DE YOGUR GRIEGO Y FRAMBUESA.

 

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Aquella mañana de primavera Irina bajaba del prado  más preocupada que nunca. Una de sus vacas tenía las ubres vacías y no entendía por qué.

Todas comían igual de los pastos  de la isla griega de Skiros, preñada de grandes prados y abundante agua. Ahora tendría que arreglárselas con un veinte por ciento menos de leche y no eran tiempos de holganza económica.

Recordaba que cuando estaba embarazada de su hijo -¿donde estará ahora?- tuvo el mismo problema.

Las vacas tienen sus tiempos y sus pausas  como todo el mundo  -se dijo-.

Mientras cavilaba en el yogur que tenia que hacer para llevarlo a la tienda de Xenia, le volvió a la cabeza el recuerdo del hijo que tuvo que entregar al Hospicio por problemas económicos y porque no tenía padre con quien criarlo. Ahora tendría veinte años y viviría en la Capital con una familia de más posibles que ella. El recuerdo  más nítido que le quedaba de él era una pequeña mancha en forma de llave en la parte derecha del cuello.

Aquel instante de doloroso recuerdo, quedó roto por la llamada telefónica de su amiga Xenia comunicándole la posibilidad de que le saliera el trabajo que estaba esperando. Su amiga sabía que buscaban una  cocinera en una casa de veraneo al sur de la isla, donde proliferan muchas y bellas calas.

Cuando llegó a la tienda con su yogur recién hecho que tanto pedían los turistas, su amiga le dio la dirección y le recomendó que, dado que parecían  exigentes, les llevara algo hecho por ella y así les serviría de prueba de cómo cocinaba.

No te quiero agobiar -dijo Xenia con pausa-  pero yo les llevaría tu famoso bizcocho de yogur con mermelada de frambuesa. Seguro que les encanta y ya sabes que esta gente de ciudad, no sabe lo que son las cosas naturales hechas con tiempo y amor .

Al día siguiente, después de concertar la cita, Irina se dirigió a la casa donde se alojaba esa familia rica de Atenas. La vieja puerta de madera de grandes dimensiones tenía  un llamador con cabeza de león, que dejaba claro que aquella mansión era de postín. Una criada de semblante plácido le abrió la puerta. Y mientras ella se explicaba, observó por el rabillo del ojo como se acercaba  un joven moreno  y  que  con una suave sonrisa, se interesaba por la razón de su estancia allí.

En ese momento un latigazo recorrió el cuerpo de Irina que se desplomó como  una muñeca rota.

Pasados unos breves instantes despertó y se vio rodeada de varias personas a las que no conocía, mientras trataban de reanimarla. Entre ellas estaba el joven que Irina vio acercarse a la puerta. En la parte derecha de su cuello mostraba una  pequeña mancha de nacimiento en forma de llave.

 

 

 

Bizcocho de yogur griego con mermelada de frambuesa

 

      Ingredientes.

3 huevos tipo L.

300 gr. de yogur griego.

75 gr. de azúcar molido.

30  gr. de Maizena.

1 cucharadita  de levadura en polvo.

1 cucharadita de pela de limón rayada.

 

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Modo de hacerlo.

Mezclar las yemas con el azúcar molido hasta que esté amarillo claro.

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Pre calentar el horno a 170 grados.

A continuación añadir poco a poco el yogur en tres partes y batir a mano con el batidor de varillas metálicas hasta que empiecen a  aparecer burbujas y esté medio montado.

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Echar después las raspaduras de limón.

Añadir la maizena con la cucharadita de levadura hasta que esté todo integrado.

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Por último batir las claras a punto de  nieve fuerte y añadir a la mezcla en dos veces.

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Poner en un molde pequeño de unos 18-20 cm.

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Si se utiliza un molde de 16 cm  que hay que poner alrededor un papel más alto por si sube mucho.

Para saber si está hecho, se pincha con una aguja para comprobar que sale seco. Se apaga el horno y se deja dentro 15 minutos.

Al enfriar baja bastante. Es normal.

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Para decorar, se puede hacer una mermelada ligera rebajándola con agua como en la foto.

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Basada en la receta de  El rincón de Bea.

BIZCOCHO VERDE. (Mars sponge cake)

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Desde pequeños habían practicado la discusión sin tregua. Se adoraban y costaba verlos separados, pero parecía que hubiera una cierta satisfacción infame en el modo en el que practicaban sus enfrentamientos.

Siempre querían tener razón los dos, pareciendo imposible que fueran hermanos. Si para una era blanco para el otro era gris, nunca estaban de acuerdo.

Lo cierto es que con el paso de los años las discusiones se hacían menos ofuscadas y más sustentadas en razonamientos. Los dos eran buenos estudiantes y a veces provocaban  altercados  en clase sólo por el mero placer de enfrentar a unos compañeros con otros. Cuando la discusión estaba en plena efervescencia,  se miraban con una media sonrisa en la cara,  que los delataba como  cómplices y provocadores a la vez.

Sus primeros escarceos amorosos, que casi iniciaron al mismo tiempo, procuraron una especie de tregua. Siendo hermanos mellizos, Lucía y Daníel decidieron no volver a provocarse durante un tiempo, dado que no querían adentrarse en discusiones basadas en  los retorcidos vericuetos del amor que cada uno estaba viviendo.

Sus padres así lo percibieron, coincidiendo  además con el inicio de las carreras que cada uno pretendía hacer. Cocina y repostería Daniel y Químicas Lucía.

Durante unos años mientras duró el estudio y el amor parecían distintos, incluso se mostraban compresivos el uno con el otro. Y el mismo día en que recogieron sus títulos se activó el chip del enfrentamiento secular. Mientras volvían a casa se enredaron en una discusión que no tenía fin y para tratar de cerrarla Daniel le insinuó que él sería capaz  de hacer un bizcocho verde sin echarle aditivos ni colorantes, todo natural.

¡Anda, menuda majadería, un bizcocho verde sólo lo podrías hacer si la  química te proporcionase un buen colorante alimentario..! -le dijo Lucía mirándolo como si fuera imbécil.

¿Qué te apuesto….? -le replicó Daniel.

-Mira !, mira!…..dices tal sarta de tonterías que hasta me das pena !…. ¡Eso es imposible y lo sabes! -le contestó Lucia.

¡ IMPOSIBLE ! -recalcó por segunda vez.

 

 

BIZCOCHO VERDE.

 

Ingredientes para un molde de 20 cm.

4 huevos

125 g de mantequilla

150 g de azúcar glas.

150 g de pistachos finamente picados

80 g de harina de trigo (Para personas con intolerancia se puede sustituir por fécula de patata )

1 sobre de levadura en polvo.

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Sacar la mantequilla de la nevera para que esté  a temperatura ambiente o en pomada. Para que se ablande se puede meter en un bol, sumergiéndolo en agua caliente.

Batir la mantequilla en pomada con el azúcar glas durante diez minutos a velocidad  máxima hasta que se ponga blanca.

Encender el horno a 180 grados.

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Cuando esté batida echar de forma combinada, un huevo, una cucharada de harina mezclada con la levadura  y otra de pistachos. Así hasta incluirlo todo, batiendo  cada vez que incluyamos un nuevo ingrediente.

montaje 1

Cuando esté todo incluido y bien mezclado, poner en un molde de 20 cm y meterlo en el horno durante unos 40-45 minutos.

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ATENCIÓN. Si cuando pasen 25 o 30  minutos, vemos que no sube igual por el centro, se puede poner el ventilador del horno y bajar la temperatura a 160 grados.

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Una vez cocida (se puede comprobar mediante un pincho o aguja) dejar diez minutos con el horno cerrado. Después dejar enfriar tapada sobre una rejilla .

Se puede decorar con azúcar glas o fructosa glas.

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(Receta basada en la del blog de  GIALLO ZAFFERANO )

UN CUENTO DE NAVIDAD.

(Homenaje a Charles Dickens)

 

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Su oronda figura de mediana edad delataba  cierta dejadez, que  traslucía como una clara impronta en todo su ser.

Era egoísta, mal encarado, comía en demasía y desconfiaba de todos.

La noche antes de Navidad, se dirigía a su casa para cenar solo una vez más. Su ama de llaves y asistenta, una nervuda mujer que rondaba los setenta, lo esperaba desde hacia una hora. A él poco le importaban los compromisos personales de los demás y aquella noche él no tenía ninguno.

Al doblar la esquina para subir hacia su calle, notó un extraño mareo que le hizo tambalearse hasta el punto de que tener que sentarse. Al tiempo  una fría niebla subía por el río y lo cubría todo.

La niebla se despejó  por lo que sintiéndose mejor se levantó. Y al avanzar unos pasos se dio de bruces con la vivienda que había sido su casa durante la niñez. Mientras trataba de entender lo que ocurría, vio por la ventana a un niño que pataleaba mientras sus padres estaban absortos en una discusión sin importancia. Aquel niño, que se le parecía mucho, decidió darle unas cuantas patadas al gato de la familia, mientras el minino trataba de escapar de la agresión. Ya empezaba a recordar: aquel chaval era él.

Al tiempo que trataba de ordenar sus ideas, tuvo la sensación de levitar sin poder evitarlo y de repente se encontró en otro escenario. En esta ocasión la vista le ofrecía una tensa discusión entre dos jóvenes en un bajo que le resultaba familiar. Las voces se entrecruzaban sin orden, mientras los aspavientos dejaban entrever que había reproches y cinismo a partes iguales. Ahora recordaba: era aquella discusión en la que su amigo le echaba en cara que hubiera registrado sólo a su nombre, aquel negocio de ordenadores exitoso, que los dos habían forjado con mucho trabajo.

Y de nuevo un salto en el tiempo mientras veía otra escena de su triste vida: el momento en el que su mujer lo dejaba llevándose a los niños, harta de perdonar sus innumerables y continuos amoríos  que él ni se molestaba en ocultar.

Era como un carrusel de escenas vividas, hasta que llegó la última que todavía no se había producido. Sobre una columna se veía una urna funeraria solitaria. Al rato un trabajador con bata gris se la entregaba a la que él reconocía como  su ex-mujer con más años . Ella al salir a la calle se encuentra con un contenedor de basura y las deposita dentro, mientras sigue su camino sin mirar atrás.

Aquella última escena le había impresionado mucho, sintiendo al mismo tiempo, que  su vida había carecido de sentido. Todo el dinero que había ganado no le había servido ni para tener un lugar, donde descansar para siempre. El contenedor de basura no era  la mejor tumba.

Mientras cavilaba en lo que había visto y sentido, notó que de nuevo lo envolvía la niebla y se vio en el mismo lugar donde se había mareado. El cielo se despejó, por lo que  se encaminó hacia su casa con cierta desazón, porque una vez más pasaría las navidades solo y olvidado por todos.

Al meter la llave en la puerta y abrirla notó que la casa estaba encendida, adornada con motivos navideños y olía a cordero recién hecho. Mientras, su esposa le cogía la botella de vino que traía bajo el brazo.

¡Venga, que ya están todos  en la mesa! . También vino la niña -le dijo bajando la voz- .Al final pudo coger el avión, aunque está muy cansada. Felicitala porque aprobó todo el trimestre.

Casi como un  autómata entró en el salón, no sin antes hacer una carantoña al gato que ronroneaba a sus pies. Al tiempo que trataba de re-ubicarse, vio al fondo de la mesa a su socio  y amigo de toda la vida que lo saludaba con una sonrisa y un movimiento de mano.

Le esperaba una agradable cena  en compañía de los que más quería.

 

 

 

MANTECADOS GALLEGOS. (receta tradicional)

 

 Ingredientes :   

 

  •  250 gr. de Mantequilla en pomada.
  • 250 gr. de azúcar molida ( yo puse 200 gr.)
  • 250 gr. de harina de trigo normal.
  • 6 huevos tipo L.
  • 1 sobre polvo de hornear. 
  • 12  moldes de papel de 14 x 14 cm.

 

montaje 1

Preparación : 

(La estancia debe estar a una temperatura entre 22 y 24 grados centigrados)

Si la mantequilla no está como si fuese pomada, ponerla en un bol metido en agua caliente un rato e ir removiendo  hasta que coja esta consistencia.

Batir la mantequilla en pomada durante 20 minutos en la batidora eléctrica a velocidad máxima (5 de 5) hasta que esté blanca y espumosa. Después añadir el azúcar molido y batir diez minutos.

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Precalentar el horno a 180 grados.

Batir los huevos de tres en tres y añadirlos a la mantequilla batiendo durante unos diez minutos a velocidad 4.

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Después se integra la harina y el polvo de hornear en dos o tres  veces mediante un colador. Se bate de forma manual de abajo a arriba, hasta que esté todo bien mezclado.

montaje 4

NOTA: 

Si no se integrara bien y se cortara un poco por la temperatura o porque el bol esté frío, se puede introducir en agua caliente un rato  o poner las manos sobre los laterales del bol mientras se bate.

Se mete en el horno durante unos 25 minutos hasta que estén dorados. Al final se dejan diez minutos dentro, con el horno apagado.

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Modo de hacer los moldes :

Se pueden hacer de diferentes medidas. Yo los hice de 14 x 14 cm con papel de horno. También se pueden hacer con papel tipo folio (son más resistentes)

montaje 5Se doblan como en las fotos y se  refuerzan las esquinas con dos dobleces,  apretando las uniones para que no se desmonten en el horno.

 

 

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Felices Fiestas. Bó Nadal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIZCOCHO DE CASTAÑAS.

 

 

Aquella noche clara de 1874 era perfecta para que la ”Santa Compaña” hiciera acto de presencia. Y así fue.

Por el viejo camino empedrado que venia  del monte al pueblo de Rubiana en Ourense  (Galicia) aparecieron varias luces blancas, que en su rastro de ánimas, purgaban las de aquellas que no podían estar en el cielo, debido a  pecados no confesados ni perdonados.

Era lo peor que le podía pasar a Manuel a sus  17 años. Ver la Santa Compaña  podía significar la muerte próxima y desde luego no era lo más recomendable. Cerró la contra de la ventana, apagó el candil y se puso a rezar a los pies de la cama por las ánimas en pena que pudiera haber cerca.

A la mañana siguiente, todavía con la imagen espectral de la Santa Compaña en la cabeza, tomó el camino hacia las viejas minas de Las Médulas donde debía recoger las castañas que habían quedado del día anterior. Aquellos 20 km que tenía que hacer a diario para conseguir 5 céntimos de peseta del Gobierno Provisional, eran la diferencia entre la pobreza y la miseria, cuya siguiente parada sería la muerte.

Los jornaleros tenían prohibido quedarse con alguna castaña (en Galicia en aquellos tiempos  era parte fundamental de la dieta) y dado que los alimentaban mal, siempre había oportunidad de comerse alguna mientras las recogían. Aquellos viejos y retorcidos castaños daban muchos y grandes frutos.

La noche comenzó a caer cuando Manuel estaba a medio camino de casa, cerca del Bosque da Folla y observó a lo lejos como se encaminaban hacia él unas luces en movimiento, que bien pudieran ser la innombrable Santa Compaña.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y lo primero que pensó fue en esconderse dado el terror que sentía. Aprovechando una hondonada que había a la derecha se metió en ella, mientras rezaba de forma aturullada los padrenuestros y avemarías  que su mente le permitía recordar en ese momento. Tapado por los matorrales y esperando que pasara pronto aquella visión maldita, pudo escuchar como entre el sonido de los pasos, había voces humanas que se quejaban.

Aquello confundió a Manuel. ¿Pero es o no es la Santa Compaña? Mientras se decía esto, levantó la cabeza y pudo ver cómo las “almas en pena”, ya sin capucha, se sentaban a descansar y a beber mientras  reían. Uno de ellos  dijo malhumorado: “¡Estoy harto de hacer de la Santa Compaña! ¡A ver cuando les toca a los de Rubiana…!

Manuel, sin salir de su asombro, dijo por lo bajo en gallego :¡¡¡  Cagho-en-dios !!!

¡¡¡ Fillos de mala nai…!!!

 

 

 

BIZCOCHO DE CASTAÑAS.

 

Ingredientes :

170 gr. de harina de castañas ( se puede encontrar en Herbolarios y tiendas especializadas ).

70 gr. de azúcar Panela (azúcar moreno).

3 huevos tipo L.

100 gr. de leche fría.

60 gr. de aceite de oliva suave.

1 sobre de levadura en polvo (16 gr.)

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Para la decoración :

60 gr. de chocolate negro de cobertura.

1 cucharada de mantequilla (15 gr.)

60 gr. de choclate blanco de cobertura.

1 cucharada de mantequilla (15 gr.)

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Elaboración :

Pre calentar el horno a 180 grados.

Batir fuerte en batidora eléctrica los huevos con el azúcar, hasta que estén espumosos y compactos. El tiempo estimado son  unos diez minutos.

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Añadir  el aceite y la leche poco a poco y combinando los dos. Remover de abajo a arriba con batidor de mano o a baja velocidad, si es en batidora de brazo.

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A continuación añadir la harina de castañas  mezclada con el sobre de levadura. Esto debe hacerse mediante un colador y poco a poco. Remover de forma suave integrando la harina en la mezcla.

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Verter en un molde de 20 cm  y cocer a 160 grados durante unos 35 minutos. Para saber si está, a partir de los veinte minutos se puede pinchar y comprobar que la aguja no sale manchada.

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Al acabar, dejar unos diez minutos en el horno apagado y después fuera sobre rejilla tapado.

 

Preparación de la decoración.

 

Poner un cazo al baño María y colocar el chocolate negro con la mantequilla. Cuando hierba el agua apagar y remover la mezcla .

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Decorar el bizcocho con lineas paralelas con una manga pastelera de punta fina.

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Seguir los mismos pasos para el chocolate blanco y hacer lineas cruzadas sobre el anterior dibujo hecho en el bizcocho.

 

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PASTEL LIBANES DE NARANJA. (Lebanese orange cake)

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Las aceras de la población libanesa de Harissa parecían esculpidas  por los pies de los cientos de miles de peregrinos que durante años, se acercaban a orar al Santuario de Nuestra Señora del Líbano. Las estrechas aceras de piedra que llevaban a este lugar, único de culto cristiano  en un país árabe, se llenaban de lugareños de los entornos más cercanos pero también de lugares tan lejanos como Galicia, en el noroeste español.

Este era el caso de la Sargento Olaia que formaba parte del contingente español destacado en ese país de Oriente Próximo. Ella ya había hecho el Camiño de Santiago  y quería conocer este otro destino católico aprovechando la cercanía de Harissa a Beirut, donde estaba su cuartel.

Este Santuario de construyó a principios del siglo pasado y es una advocación de la Virgen de Lourdes. Tiene una pequeña Capilla a los pies de una gran estatua de bronce pintada de blanco de unas quince toneladas, en la que la Santa aparece con los brazos abiertos.

Una vez visitada Olaia buscaba un hostal donde pasar la noche, cuando le llamó la atención una vieja casa de blancas paredes con puertas y ventanas en  azul claro, que le recordó a las casas marineras gallegas.

“Maisón Compostela” 2 estrellas, rezaba un sencillo cartel sobre una especie de dosel en la puerta principal. Y entró.

Bon jour! -dijo- mientras hacía sonar el timbre de la recepción.

-¿Comment allez-vous?. -¿En qué puedo servirla? -le contestó una mujer delgada de unos treinta años, de grandes ojos negros y  cabello azabache llamada Nashwa. Mientras  anotaba los datos en su libro de registro, Olaia le preguntó por el nombre del Hostal al tiempo que le decía en su  básico francés  que ella era de ese lugar, Santiago de Compostela.

A Nashwa se le iluminaron los ojos pues su madre había hecho el camino gallego y allí había conocido a su padre mientras estaba en Santiago por negocios. También le comentó que para los habitantes de su ciudad, Compostela era una referencia espiritual de gran importancia y que muchos cristianos libaneses iban también a ver al Apóstol .

A la mañana siguiente, mientras bajaba las escaleras que circundaban una especie de patio andaluz y que llevaban al comedor, le vino un olor dulce de naranja que invadía la estancia. Sobre la mesa le esperaban café, dátiles, almendras, pan, mermeladas, manteca y un dulce muy especial que habían hecho esa misma madrugada : Un “bizcocho libanés de naranja” que al verlo, convocaba a probarlo.

Aquellas dos mujeres parecía que se conocieran de toda la vida. Con un francés sencillo, los huecos que dejaba la falta de palabras, se cubrían fácilmente con gestos miradas y expresividad.

Y así la  vieja  estancia se convertiría después y durante  muchos años, en el punto de encuentro  para las dos nuevas amigas.

 

 

PASTEL LIBANES DE NARANJA.

 

Ingredientes :

 

  • 4 huevos (L)
  • 450 gr.  de naranja .
  • 175 gr. de azúcar ( o 130 gr. de azúcar panela)
  • 200 gr. de almendra molida
  • 1 sobre de levadura en polvo.
  • 1 cucharadita de agua de azahar.

 

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Para la decoración.

1 naranja.

100 gr. de azúcar o 50 gr. de fructosa.

Azúcar glas para espolvorear o mezclada con harina fina de maíz.

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.Elaboración

Se  cuecen las naranjas cubiertas de agua durante 1 hora aproximadamente o hasta que estén blandas. Después se sacan y se dejan enfriar un poco.

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Se bate fuerte el azúcar con los huevos hasta que estén de color pajizo (en batidora de brazo de 5 velocidades, la número 4). Al tiempo se trituran el en vaso de la Minipimer las naranjas, hasta que queden en forma de pasta uniforme.

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Se añade entonces la naranja batiendo suave, después la almendra molida con la levadura y el agua de azahar. Se mezcla todo con un batidor de alambre de abajo a arriba para que quede  integrado.

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Se vierte en un molde de silicona o similar de unos 20 ó 24 cm (en función de que sea uno u otro, saldrá más bajo o más alto) y se hornea una  hora a 170 grados. Pasados 45 minutos podemos pinchar con una aguja para ver si está.

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Una vez hecho, apagamos el horno y lo dejamos diez minutos dentro. Después lo sacamos para una rejilla y dejamos que enfríe tapado con un paño.

 

Cómo hacer las naranjas confitadas :

Al  agua que  sobró de cocer las naranjas le añadimos azúcar y colocamos cuatro rodajas de naranjas, dejándolas cocer a fuego bajo hasta que estén blandas y que casi no quede líquido. Hay que tener cuidado de que no se quemen. Después reservar y dejar enfriar.

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Una vez frío y desmoldado el bizcocho, se puede espolvorear con azúcar glas o mezclado con harina  fina de maíz y se decora con trozos de naranja.

 

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BIZCOCHO AMERENGADO.

 

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Solo la distancia permitía verlo todo con claridad. La vista podía engañarnos pero estábamos ante un paisaje nevado de alto valor estético.

Los grandes picos del fondo quedaban desdibujados por las nubes que los coronaban y en primera línea, el blanco de la nieve helada refulgía con avidez .

La soledad de las grandes cumbres es inherente a ellas. Nadie se imagina un paisaje como éste de grandes montañas agrestes y de varios miles de metros de altitud cobijando casitas.

Este no es un paisaje blanco de la hermosa Suiza, aquí el frío helador se percibe solo con mirar la escena: la altura de los cerros cortados al bies no se puede calcular, el verde no existe en cientos de kilómetros a la redonda. No hay nada más que hielo y nieve.

Bueno en realidad hay algo que aporta color a la escena, el Sol que va cayendo en el horizonte manchando las cumbres heladas de un naranja variado en escalas. Pero solo eso, el Sol aportando color sobre el blanco azulado del frío, de las alturas inhóspitas, aquellas que sólo unos pocos chiflados consiguen alcanzar aún a costa de perder la razón…y a veces  la vida.

Es curioso…mi imaginación una vez más ha volado sola. Realmente lo que estoy observando  es la parte superior de un “Bizcocho amerengado” recién salido del horno.

¿Qué me ha pasado…?

 

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BIZCOCHO AMERENGADO.

 

4 huevos tipo L .

120 gr. de azúcar ( o 100 gr. de azúcar panela).

100 gr. de harina de trigo.

50 gr. de fécula de maíz  ( tipo maizena )

*  75 ml . de aceite de girasol.

*  raspaduras de limón.

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Merengue suizo.

* 4 claras de huevo .

* 300 gr. de azúcar o 150 gr. de fructosa.

* unas gotas de limón.

* unas gotas de vainilla.

* termómetro de cocina.

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Para el almíbar.

200 gr. de azúcar. (o 100 gr. de fructosa)

200 ml. de agua.

La corteza de un limón.

Puede llevar media copa de ron o coñac.

 

Elaboración.

Se precalienta el horno a 180 grados.

Se baten los huevos con el azúcar fuerte durante unos ocho minutos (velocidad 4 de 5) hasta que estén montados y de color pajizo.

montaje 1

Se baja un poco la velocidad  ( velocidad 3 de 5 ) y se echa poco a poco en hilo,  el aceite de girasol, después  las raspaduras de limón.

A continuación se echan las harinas mezcladas poco a poco con un colador y se remueve despacio de abajo a arriba, con un batidor de mano.

montaje 2

Una vez mezclada y con la masa esponjosa, se vierte en un molde de 23 cm o algo menor y se mete en el horno unos 30 minutos.

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Cuando esté dorado se pincha con un aguja y si está cocido, se apaga el horno y se deja dentro unos diez minutos. Después se saca y se tapa con un paño quince minutos más.

 

Elaboración del Merengue Suizo.

Se mezclan las claras con el azúcar en un bol metido al baño María sin que el agua pase de 60 grados. Lo mediremos   con un termómetro de cocina porque si la temperatura fuese mayor las claras se cocerían. Lo que se pretende es que el azúcar se disuelva en la claras.

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Una vez disuelta se pasa a una batidora de brazo,se le echan unas gotas de limón,también de vainilla y  se bate fuerte durante unos minutos hasta que esté montada.

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Elaboración del almíbar.

Se pone en un cazo el azúcar, el agua y la corteza del limón. Cuando empiece a hervir se deja 3 minutos y se retira. Aquí se le puede añadir el ron o coñac.

Una vez frío el bizcocho se parte en dos y se vierte la mitad del almíbar en una base y la otra mitad en la otra. No es necesario utilizar todo el almíbar.

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Después con una manga pastelera se decora la parte superior con conos haciendo forma de picos.

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El interior se rellena con el resto del merengue.

montaje 3

La tapa con los conos se pone unos minutos bajo el grill del horno para que se dore, teniendo especial cuidado de que no se queme.

 

Una vez dorado se coloca sobre la base y se mete en la nevera hasta el día siguiente.

 

 

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